viernes, 27 de abril de 2012

Otra ronda de comienzos

Hay gente que asegura una y otra vez que la medida de una serie es la temporada, pero aquí el que escribe, en parte por el enorme número de series que me llaman la atención, y en parte por mi condenado completismo, no me permito darle tanto margen a una serie, menos aún ahora que he reducido mi ingesta de diversión catódica, y menos aún con las series de veintitantos episodios. Hablando en términos generales de las series norteamericanas (las europeas funcionan de forma distinta), tampoco me limito a ver el piloto, salvo en aquellos casos que este me da tan malas vibraciones que paso, sino que más bien veo los dos primeros episodios, a poder ser seguidos.

Y es que en no pocos casos, un primer episodio prometedor se queda en agua de borrajas una vez puesta en marcha la maquinaria, y en muchos más, al piloto le falta o le sobra algo que cambian de cara al resto de la serie. Así, es bastante normal ver que en el segundo episodio añaden o quitan personajes (Raising Hope, CSI), que cambian las oficinas o donde quiera que pasen la mayor parte del tiempo (Alphas), que varían detalles del tono o la trama de la serie (cambios de apellidos, relaciones entre los personajes, aparición de subtramas...), o incluso cambios en la tonalidad de las imágenes (como pasó con House). Por ello, considero que el piloto normalmente no es suficiente para valorar lo que la serie va a ofrecer, y a partir de ahí dejo a mi instinto que decida si seguir o no, y lo cierto es que acierta la mayor parte del tiempo, el jodío.

Así pues, vamos otra vez con más estrenos probados en las últimas semanas, en mi particular modo express:

Awkward, o la enésima serie de instituto que va de diferente: demasiado teen y demasiado poca mala leche. A la papelera.

Forbrydelsen / The Killing: vi con un día de diferencia los dos primeros episodios de ambas series, y el primero es casi un calco, cambiando ligeramente detalles, como la edad de los críos, y obviando algunas escenas, seguramente porque la danesa dura un cuarto de hora más por episodio. En el segundo ya empiezan a notarse más las diferencias... veré ambas, aunque me ha atraído más la original, por esa cercanía tan europea.

Touch: una actualización de series buenrolleras, de ayudar a la gente, como fueron Autopista hacia el cielo, Tocados por un ángel o Edición Anterior, sustituyendo el elemento mágico o angelical de aquellas por un niño autista que "ve" las pautas y patrones que nos conectan... lo cual podría considerarse, al fin y al cabo, otra forma de llamar a la magia (no viene del todo al caso, pero esto me recuerda la famosa cita de Arthur C. Clarke: "Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"). Por cierto, ya podía Kiefer Sutherland haberse puesto gafas, dejado perilla, habituado a llevar camisetas chillonas, o algo... para este nuevo papel, porque no dejo de ver a Jack Bauer en él. Si a esto le sumamos detalles que su creador, Tim Kring, ha trasplantado casi tal cual de su anterior serie, Héroes, queda un batiburrillo interesante, pero que puede cansar muy rápidamente. Quizás le vendría mejor más continuidad...

Terra Nova: un primer episodio (doble) interesante, uno a continuación que no estaba mal, pero... el cuarto me hundió. Ya desde la escena inicial, con su cueva de cartón piedra, la forma de estar rodada y el desarrollo de la misma, me pareció estar viendo un episodio de SeaQuest. En serio, han clavado perfectamente la esencia de aquella serie... lo malo es todo lo que ha llovido desde entonces, y que en una serie nueva no juega el factor nostalgia, menos cuando no hablamos de una serie particularmente notable en su momento (recuerdo grabarla, para luego quedarme sólo con los dos o tres episodios que merecían la pena). Pasan los días sin que me apetezca seguir, y ganas me dan de saltar al último episodio para ver en qué dejaron la cosa antes de la cancelación.

The River: ocho episodios, cancelada, argumento misterioso e interesante... es una serie que parecía perfecta para un maratón de fin de semana. Salvo que el primer episodio me dejó tan frío que ni vi el segundo. Mi completista interior me dice que siga, pero me da una pereza enorme.

Raising Hope: de lo mejorcito que he visto este año. Lo peor de esta serie es que ha desplazado a The Middle como la comedia disfuncio-familiar que me apetece ver en este momento. Bueno, también me parecía mala la secuencia de créditos, pero pasados unos episodios, la recortaron a la mínima expresión. Ritmo rápido y ligero, dilatando la barrera entre el absurdo y lo humano, oscilando entre momentos gamberros y otros más sutiles, con generosos puntos de humor... y desde luego, Hope es adorabilísima.

XIII: una ensalada de tiros, hostias y conspiraciones muy de manual, aunque con un par de ambigüedades, y algo escasos de adrenalina (¿habrá dejado 24 el listón muy alto?). Se queda en reserva, para cuando apetezca pausar el cerebro.

Pan Am: creía que no me iba a gustar, pero me ha sorprendido gratamente esta historia de azafatas y pilotos de los años sesenta, aunque chirrían algunos detalles (y no, no me refiero a los chromas, que también). "He disfrutado de cada momento", dice una de las protagonistas acerca del año, 1963, que se acaba... cuando hace poco más de un mes que han asesinado al Presidente Kennedy. ¡Insensible!

La Tapadera: hombre, mal no está, pero la dicotomía entre esos comienzos y finales de episodio tan frenéticos con ese remanso de paz que es el resto del episodio, me temo que va a terminar jugando en su contra. Se nota que han intentado repetir la estructura fragmentada de Damages, sólo que en aquella no había un evidente "caso de la semana" que lastrase y retrasase la trama principal.

El misterio de Ángela: un policíaco cancelado hace años, me puse con él por si me encontraba con una de esas series que no merecieron el hachazo, pero qué va... personajes y casos simplones, y poco interés por acabar sus apenas trece episodios. Otra que adios.

lunes, 23 de abril de 2012

Espejo, espejito negro...



No sin retraso, como no podía ser de otra manera viniendo de mí, paso a analizar esta ¿miniserie? británica tan alabada por la crítica, pero que a un servidor, pese a no disgustarle, no le pareció para tanto. ¿Tan escasos andamos de buenas propuestas que a la mínima que alguien se sale de lo habitual ya hay que encumbrarle? ¿O es que me he vuelto demasiado exigente? De hecho, Charlie Brooker, el autor de esta obra ya fue (en mi opinión, claro está) excesivamente alabado por un trabajo anterior, Dead Set, aquella miniserie que mezclaba una plaga zombie con el programa Gran Hermano, pero en la que una vez asimilado el planteamiento te quedabas con un relato más de muertos vivientes, incluso con un final que se me antojó demasiado absurdo incluso teniendo en cuenta los descerebrados que frecuentan ese reality.

En este caso, nos encontramos con tres episodios, tres historias completamente independientes que hablan de tecnología, pero también de las personas que la usamos, y que son más interesantes por las ideas que plantean que por lo que realmente cuentan con ellas.



The National Anthem (El himno nacional)


La historia menos futurista de tríptico, tanto que podría suceder hoy mismo y me es imposible considerarla de ciencia-ficción. Un secuestro, una petición de rescate extravagante, y el (esperemos) imparable mundo interconectado a través de internet como punto focal que impide que el gobierno resuelva las cosas "a la antigua", en secreto, pero que a la vez dificulta la resolución. Videos virales, comentarios en redes sociales, periódicos online... cosas que algunos ya conocemos en mayor o menor medida como parte de nuestro día a día, en un relato que evidencia que las reglas del juego de la información han cambiado, todo ello mezclado con la fascinación morbosa tan propia del ser humano por mirar incluso lo que nos repugna. Intenso en términos generales, peca no obstante de varios bajones de ritmo (ese innecesariamente largo asalto del equipo de rescate...), por no hablar de un final un tanto abrupto, que dificulta asimilar lo sucedido en los últimos compases. No obstante, es casi con seguridad el mejor de los tres episodios.



15 Million Merits (15 millones de meritos)


Mi episodio favorito, una distopía en la que los trabajadores (¿casi toda la población? ¿sólo la clase obrera?) viven y trabajan en el mismo microuniverso automatizado, una suerte de Gran Hermano no tan diferente de nuestro día a día como pudiese parecer, sustituyendo el dinero por créditos (los "méritos" del título) que van ganando según su rendimiento creando energía, para gastarlo a continuación, o al mismo tiempo, en comida, pasta de dientes o entretenimiento, día tras día tras día, casi todo el tiempo delante de una pantalla. Es una historia sin grandes sorpresas, pero bastante conseguida, a la que en ocasiones le faltaría algo de sutileza, que mezcla ese ambiente de alienación del individuo con una evidente crítica de la mal llamada telerrealidad, a través de concursos en los que humillan a gente obesa, o programas que con la excusa de buscar talentos se ceban con los aspirantes a estrellas (recordemos el éxito en España de Risto Mejide).

Un detalle: tras la cámara está Euros Lyn, el director de esa maravilla de la ciencia-ficción que fue la miniserie Torchwood: Children of Earth.



The Entire History of You (La completa historia de ti)

El más flojo del trío. Me dio la impresión de estar viendo un episodio de The Outer Limits alargado, y salvo por el CGI, bien podría haberse hecho hace treinta años, uno de tantos relatos en los que simplemente cuentan la historia minimalista/melodramática que quieren a través de un único "avance" tecnológico, pero dejando el resto del mundo igual. Toda la tecnología que vemos se basa en el Grain, no hay más, los jefes siguen escribiendo en papel, las cocinas, los coches, tienen pinta de no haber cambiado en nada, incluso hay un cierto ambiente retro. Tampoco es que pida que recreen un mundo entero (como casi parecía hacer el anterior episodio), bastaban pequeños detallitos aquí y allá que me hiciesen más realista ese mundo. Yo qué sé, pagar a la niñera con una transferencia electrónica, que los jefazos usasen tablets para la revisión, ALGO. Pero es que si mi implante no me falla, la tecnología más moderna fuera del Grain (y este concepto incluye los televisores) eran los bolígrafos.

Luego están algunos detalles que me fuerzan a llamar vago y tramposo el guión. Por ejemplo: la excusa barata y forzada de dejar a la niñera para tener un "testigo" a la mañana siguiente. O lo de los rebobinados en el control del aeropuerto. ¿Qué pasa con los que no tienen Grain? ¿No pueden volar, hay otra fila para ellos...? Me hubiese gustado saberlo, y bien podrían haberlo comentado aunque fuese de pasada en la cena cuando salió el tema de la "desgranada". Por no hablar de esos últimos redundantes minutos, supongo que necesitaban rellenar...

Así, para mí esta fue "una historia más", como tantas vistas antes, interesante más por el planteamiento, por lo que te puede hacer pensar, que por la historia en sí. Y el ejemplo perfecto es la mejor escena del episodio, la del polvo matrimonial.


En resumen, una propuesta interesante, buena, que recomiendo no perderse (y más ahora que la estrenan en España, el próximo lunes), pero no taaaaan estupendísima como la venden. De hecho, con lo que me quedo más que nada es con la interesante metáfora del título. Y si aún no sabes a qué se refiere eso del "Espejo negro", prueba a apagar unos segundos el monitor, teléfono, o donde sea que estás leyendo esto... y no dejes de mirar a la pantalla ;)

sábado, 24 de marzo de 2012

Ronda de pilotos y finales...

Estos tres ultimos dias he encontrado tiempo para respirar, terminar un par de series y temporadas, y probar otras, que paso a comentar:

The Walking Dead (final de la 2ª temporada): no ha estado mal, pero entre las muertes bastante gratuitas y todo el tramo final, con Lori haciéndose odiar una vez más, y el discursito de Rick (por no hablar del plano final), el último ha parecido más un episodio de transición que un final de temporada propiamente dicho.

Almacén 13 (final de la 3ª temporada): tan divertida, alocada y ligera como siempre, sin embargo he encontrado esta temporada ligeramente superior a las anteriores, principalmente por su trama central, que provocaba que casi todos los episodios acabasen con un detalle o revelación que hacía muy tentador ver el siguiente. Excelente.

Alcatraz: está bastante bien para lo que es, un policiaco con una trama ¿paranormal o de ciencia ficción? de fondo. Lo más destacado es su atípica pareja protagonista... y volver a ver a Parminder Nagra. Espero que no la caguen dando más importancia a la caza del fugitivo de turno que al misterio que les rodea.

Workaholics: una mierda pinchada en un palo lleno de orina. Y es que en esas escatologías se basa su humor, al menos en este primer episodio. Supongo que es una serie para verla tan fumado como sus protagonistas... basta con decir que sólo llegué a sonreir con una frase. Pasando.

The Middle: ya había visto el piloto hace tiempo, pero hoy me animé a revisitarlo, de cara a ponerme de una vez con la serie. No lo encontre tan divertido como la primera vez, pero igualmente entra dentro de ese tono de comedias familiares extravagantes que tan buenos ratos me hacen pasar (Malcolm in the middle, la desconocida Aliens in America, Raising Hope...).

El cuerpo del delito (Body of Proof): psssss... otro procedimental entretenido y no protagonizado por un policia, detalle este último que ahora casi es más la norma que la excepcion. Incluso la música recuerda a El mentalista o Bones. Como la primera temporada es corta, le daré ese margen para saber si la sigo o la dejo aparcada.

Eyes (final de su única temporada): una serie curiosa y divertida sobre una moderna agencia de detectives con un topo dentro, que quizas se mereció mejor suerte, ya que fue cancelada a mitad de su primera temporada, quedando en apenas una docena de desordenados episodios, en los cuales he detectado varios fallos de continuidad, desapareciendo tramas sin más explicación durante varios episodios.

Suits: abogados arrogantes, prota granuja recien llegado a un bufete de lujo, alguna referencia friki, un pseudovillano en el bufete que es más bien motivo de mofa, buen ritmo... no tiene un tono TAN cómico como Franklin & Bash, pero se le asemeja bastante. Eso si, en muchas escenas no consigo apartar la vista de los lunares de Gabriel Macht (y no hablemos de su "peinado" xD).

Fuera de lugar (Suburgatory): humm... eehh.. con esta serie no sé qué pensar. Tiene algún momento ciertamente divertido, y parece dar un volantazo cada vez que va a caer en la ñoñeria, pero no encuentro nada que realmente me llame a verla.

Grimm: ¿el relevo de Sobrenatural? Acostumbro a no leer demasiado sobre los argumentos de las series, asi que me esperaba algo un poco más gótico, no tan policiaco, y mucho menos el "descubrimiento" de la historia por parte del protagonista, pero me ha gustado la peculiar mezcla, y además este tipo de historias son muy capaces de evolucionar a medida que crean su propia mitología. Por cierto... ¿soy el único al que el prota le recuerda físicamente a Superman?


Y no me olvido del Black Mirror que comenté en la anterior entrada... a ver si me animo, que ya casi voy a tener que volver a verla para recordar.

martes, 24 de enero de 2012

Olvidable


Uno de los motivos por los que escribo tan poco en el blog es porque me cuesta bastante tiempo realizar una reseña como Joss manda, y muchas se quedan a medio escribir cuando otra tarea me impide terminar. Tengo varias entradas empezadas, pero una vez perdido el hilo, me cuesta continuarlas, y mientras tanto esto se queda parado. Así pues, he decidido empezar a escribir pequeñas notas, más breves, menos elaboradas... y empiezo por una de las últimas series que he abandonado el pasado año: Imborrable (Unforgettable).

Como he dicho anteriormente, ahora me tomo el visionado de series con más calma, y eso hace que cribe más qué veo y qué no. Ayer abandoné ese espanto titulado Whitney a mitad del primer capítulo, y hace poco más de un mes dejé este policiaco tras cuatro episodios, el último de los cuales ya me había costado animarme a ver. La serie no está del todo mal, pero es sosa y no aporta nada nuevo. Volvemos a tener un procedimental con un investigador con habilidades peculiares (¡Hola, señor Monk! ¡Hola, Patrick Jane! ¡Cuanto tiempo, John Doe!) que va resolviendo casos semana a semana mientras merodea por ahí un crimen personal sin resolver (¡Hola, inspectora Beckett! ¡Hola de nuevo, Monk y Jane!). Ni su reparto plagado de ex-empleados de otras series (Sin rastro, Nip/Tuck, Trauma, el propio Mentatonta...) me resulta lo suficiente atractivo, ni sus tramas tienen nada especial, salvo por el recurso de la memoria perfecta, representada en pantalla de forma que no puedo evitar acordarme de la gran La Zona Muerta, y que tras un par de episodios ya parece repetitivo (quizás me equivoque, pero no voy a estar ahí para comprobarlo).

El único punto a favor destacable que le encontré fue la empatía de la protagonista para con las víctimas y sus familias, en contraste con series policiales menos dramáticas, como Bones, en la que es habitual que interroguen a la pareja del muerto y ésta se muestre menos afectada que si le hubiesen dicho que se les ha acabado el café (y peor aún, esto no le resulta sospechoso a nadie). De aquí se podría hacer toda una reflexión sobre la sobreabundancia de crímenes semanales y cómo se tiende a suavizar el género policiaco, pero... ya dije que la entrada iba a ser corta.

Próximamente: reflexiones ante el Black Mirror.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Fin de semana británico

No, no he vuelto a escaparme a Londres, pero este pasado fin de semana me dio por dedicarselo a series de las islas británicas. Una de las ventajas de estas series, como sabréis la mayoría, es lo limitado de sus temporadas, donde las series de más de 13 episodios parecen vetadas, y la mayoría ronda entre los 6 y los 8 capítulos. Y es una ventaja porque obliga a crear unos relatos centrados, precisos, al no disponer de tiempo para perderse en recovecos y material de relleno, como sucede con muchas series obligadas a alargarse por veintipico episodios por año (como es habitual en las estadounidenses) o rondando una quincena de episodios cercanos a la hora y media (el malacostubrado modelo español... que no es extraño que además nos meta dos temporadas por año). También es una ventaja de cara al visionado, ya que nos permite ver toda una temporada en un corto espacio de tiempo, incluso en el mismo día, aunque luego lamentemos no disponer de más episodios, y permite también que, aunque una propuesta no nos termine de convencer, le demos una oportunidad, ya que en el peor de los casos no nos hará perder mucho el tiempo.


Así, empecé la noche del viernes con los primeros episodios de Presunto culpable (Criminal Justice), que a la postre, por aquello de que últimamente no puedo evitar dormir poco, terminaría viéndome entera antes de la hora de comer del sábado.

La serie en cuestión está planteada como una miniserie de cinco episodios, y cuenta los avatares de un joven acusado de asesinato. ¿Lo hizo? ¿No lo hizo? ¿Importa? La última pregunta parece fuera de lugar, pero según avanza la historia, vemos en repetidas ocasiones cómo ser inocente (o creer serlo) puede carecer de la menor relevancia, más aún cuando las pruebas apuntan en su contra. También el espectador, aunque pueda tender a creer en la inocencia del protagonista, ve la duda merodeando por el relato, hábilmente dividido entre el proceso judicial y el drama carcelario, todo ello regado por buenas interpretaciones, y momentos muy logrados, como el último interrogatorio al policía encargado del caso (actor, por cierto, que había pasado el año pasado por Doctor Who).
Pero llegados al final, decepciona un poco la resolución, no ya por lo que pasa, sino por cómo pasa; parece deliberadamente contada de forma apresurada, puesto que en los últimos minutos no duda en perder el tiempo en detalles aparentemente superfluos, aunque no lo sean totalmente. Pese a ello, mereció la pena.

A continuación, Doctor Who: A Christmas Carol, la peculiar versión del Doctor de Canción de Navidad. Divertida como de costumbre, pero sigue dándome la impresión de que la serie está a medio gas desde la marcha de Davies y Tennant, aunque el nuevo Doctor, al contrario, parezca una versión histérica (espídica) de los dos anteriores. Que sí, para los momentos ligeros puede estar muy bien, pero cuando tiene que ponerse serio a mí al menos no me convence, no siento que cargue con el peso de las tragedias pasadas ni tampoco de las que pueda tener delante.

Luego llegó el turno de Zen: Cabal. El segundo de los tres episodios/películas que conforman la única temporada de la adaptación de los casos de Aurelio Zen. Me gustó más que el primero, aunque, sin leerlas, tengo la impresión de que la complejidad de las novelas es demasiada incluso para tratarla en sólo hora y media. Igualmente, tengo entendido que en los libros estas historias rezuman una sútil ironía y humor que me cuesta captar en pantalla, excepto cuando alguna mujer hace más que insinuarse al protagonista, o por el hecho de que no paran de hablar de su integridad cuando éste, aunque desde luego no llegue a ser un corrupto, no deja de hacer cosas cuestionables. Esta complejidad moral, unida al ambiente italiano como de los años setenta que destila la serie (en buena parte por la música y el vestuario), son valores a tener en cuenta, pero al menos a mí no me llenan.

También me acerqué a los tres primeros episodios de Survivors, adaptación de la serie y la novela homónima de Terry Nation, el creador de los Daleks (¡Doctor Who por todas partes! y además sale "Martha Jones" en el primer episodio). En ella, nos encontramos con una pandemia de gripe que acaba con casi toda la población, y las resultantes peripecias de los escasos supervivientes, entre los que encontramos una madre coraje buscando a su hijo, un joven rico que debe adaptarse a la cruda realidad (actor al que reconocí inmediatamente de la segunda temporada de 24), o un asesino que estaba cumpliendo condena cuando atacó el virus, roles todos ellos un tanto típicos de muchos telefilmes de catástrofes, pero que en este caso demuestran una personalidad más compleja e interesante de lo que pudiese parecer.

Y es en esas personalidades, y sus interacciones, donde reside lo mejor de esta serie coral, puesto que no dudan en recurrir una y otra vez a todo tipo de tópicos sobre este tipo de historias. Pese a ello, seguiré hasta el final, dada mi afición a las historias postapocalípticas, y por esos personajes y ese toque británico que la hace diferente.

Tanto drama merecía ser compensado por alguna comedia, y me metí con los tres primeros episodios de Miranda, serie inédita en España que había conseguido por recomendaciones, y, si bien en un primer momento me hacía gracia pero no me parecía nada especial, antes de terminar el episodio ya estaba encantado con la serie, sobre todo cuando en momentos embarazosos la protagonista le habla directamente a la cámara. ¿El argumento? Mejor descúbrelo por tí mismo, pero es básicamente la vida de la protagonista en formato de sitcom clásico, pero con un par de toques que la hacen distinta, como la ya mencionada ruptura de la cuarta pared. Mención especial la aparición del Quinto Doctor, Peter Davison, en el segundo episodio.

Más.... ¿humor? En parte sí, pero a su peculiar estilo: Shameless. Vistos los dos primeros episodios, también me he rendido al "encanto" de la mezcla de humor y drama (pero en el fondo ni una cosa ni la otra) de esta familia disfuncional (expresión cada vez más manida, por cierto), con un padre alcohólico que vive del paro y su numerosa prole. Todavía puede ser pronto para que algunos de ellos hayan cogido relevancia (el "calvo" casi parece que simplemente está ahí), pero por lo visto hasta ahora, no puedo resistirme a seguir las andanzas de esta panda de personajes patéticos y malhablados, pero siempre sin llegar a resultar realmente desagradables, se nota por debajo cierto cariño al retratarlos.

Y para terminar, aproveché para ver un episodio de The IT Crowd, que ya iba siendo hora de  retomar esta serie, que dejé aparcada hace unos años, en parte por el bajón que noté en su tercera temporada. Igualmente, este reencuentro me ha parecido gracioso, pero no tan descacharrante como antaño.

Y por si fuera poco, mañana maratón de Torchwood (aunque sea su temporada no-totalmente-británica). ¡Yuhu!

martes, 8 de noviembre de 2011

Londres y el Doctor

Y tras el Festival de Series... viajecito a Londres. Y tratándose de mí, no podía limitarme a hacer un turismo típico (Museo Británico, Torre de Londres, Big Ben...), que también, tenía que dejar salir mi vena friki y seriéfila. Ahora bien, aunque vea o haya visto unas cuantas series británicas (Skins, Sherlock, Life on Mars, Luther, The IT Crowd...), para mí hablar de series inglesas es hablar de Doctor Who, esa fabulosa aventura en la que un alienígena, El Doctor, viaja por el espacio y el tiempo en su nave con forma de cabina de policía (¿suena raro? ¡no! ¡suena fabuloso!). En Inglaterra es toda una institución que han disfrutado varias generaciones, ya que empezó a emitirse allá por 1963, y tras una pausa de más de quince años, volvió con energías renovadas en el 2005.

Así, del tiempo pasado en Londres, los únicos días que no me acerqué de un modo u otro al universo del Doctor fueron precisamente el día de llegada y el de partida. De todas formas, mi primer encuentro con una TARDIS de tamaño real fue por sorpresa. Antes de montar en el London Eye, la famosa noria junto al Thamesis, di un par de vueltas por el London Film Museum, situado en el edificio cercano a la popular atracción, el mismo que aloja el Acuario de Londres. Y allí, más allá de los trajes de Superman y de Harry Potter, antes de llegar a la exposición de Star Wars, y compartiendo habitación con la cabeza de un Terminator y con una reina Alien rodeada de huevos, me encontré un rinconcito dedicado a la primera de las dos películas no oficiales que protagonizó Peter Cushing como la versión humana del Doctor. Poquita cosa, tres Daleks (uno de ellos incompleto) y la TARDIS de la película, pero suficiente como aperitivo.

El plato fuerte que llegaría al día siguiente, cuando me acerqué al palacio de exposiciones Olympia Two (junto a la estación de Kensington-Olympia), a disfrutar de una exposición interactiva llamada Doctor Who Experience, y que permanecerá abierta hasta el 22 de febrero. Allí, en grupos de unas 40 personas, fuimos partícipes de una pequeña aventura junto al Doctor actual, el undécimo (Matt Smith), que nos guiaba a través de vídeos para ayudarle a estabilizar la TARDIS, meternos en una nave Dalek, caminar entre Ángeles Llorosos, y terminar siendo testigos de un delicioso espectáculo tridimensional en torno al vórtice por el que acostumbra a viajar su nave.


Mientras nos reponíamos de la experiencia, tocaba pasearse por una detallada exposición que incluía una galería completa de monstruos, la vestimenta habitual tanto de los distintos Doctores como de los acompañantes que han tenido en la serie moderna, una recreación a tamaño real de la TARDIS de Eccleston y Tennant (con una pantalla de vídeo mostrando en bucle la "muerte" de este último, ¡sádicos!), y muchas más cosas, para terminar en la socorrida tienda, en la que lamentablemente casi todos los objetos, salvo los "atemporales" (la nave, los monstruos...), correspondían al actual Doctor, una lástima para los admiradores de cualquiera de los diez anteriores. Pese a este detalle, realmente es una experiencia que merece mucho la pena para cualquier amante del Doctah. No digo ir a Londres expresamente para ello, aunque dependerá del grado de frikismo de cada uno, pero una vez allí, es algo que no debería dejarse escapar.


Un día más tarde, decidí ir a la parte este de la ciudad, concretamente a la zona de Uptown Park, donde está situada la tienda del Doctor, The Who Shop. Y aunque me esperaba algo más grande, eso no quita para que disfrutase igualmente como un niño entre sus estanterias, donde (faltaría más) tienen un par de TARDIS y algún Dalek tamaño real decorando las esquinas. También debo decir que la tienda no tiene exclusivamente productos del Doctor y sus spin-offs, también puedes encontrar allí cosillas sueltas de Farscape, Star Trek o de (¡ay!) Crepúsculo, y que la dueña de la tienda es todo un encanto (el negocio lo llevan un matrimonio, y él acostumbra a vestirse de Cybermen para diversos eventos), y pese a los intimidatorios carteles que había en contra de hacer fotos sin permiso, o de no tocar según qué objetos, con un par de palabras amables consiguió hacerme sentir muy a gusto.

Nuevo día, nueva tienda. No podía dejar Londres sin pasar por una de las primeras tiendas frikis de las que había oído hablar, hace ya más de una década: Forbidden Planet. Nuevamente, me esperaba algo mayor, una especie de colosal centro a lo Corte Inglés de varias plantas pero dedicado por completo al mundillo de la ciencia ficción y la fantasía, y sí, es grande, pero no deja de ser una tienda grande de cómics y libros en una planta, y de merchandising en otra. Que para un londinense debe ser estupendo, pero para mí perderse entre docenas de estanterías llenas de comics no tenía mayor interés, es algo que ya había hecho días atrás en la FNAC. Respecto al Doctor, en cuanto a merchandising nuevamente nos encontramos con una predominancia de la encarnación actual, y aunque había alguna cosilla de alguno de los clásicos, a Tennant sólo alcancé a verlo en la zona (más de una pared bien nutrida, por cierto) de libros, revistas y audiolibros. Menos de dos años después del cambio de actor, parece como si hubiese sido relegado a la sección de antiguedades.

Y por si alguien no lo sabía aún, lo diré claramente: para mí, el Doctor es David Tennant, por lo que su ausencia en esa tienda me ha repateado un poquillo. Si no hubiese sido gracias a la Tienda del Doctor, no me hubiese podido venir a casa con SU destornillador sónico. Ya sólo me queda decir una cosa:

Allons-y!

domingo, 6 de noviembre de 2011

Festival de Series (y de colas)

Hace dos semanas asistí por primera vez al Festival de series que por tercer año ha organizado Canal+ en Madrid. Fue un viaje prácticamente improvisado, por evadirme del día a día, y no únicamente por ir al festival, pero bueno, no estamos aquí para hablar de mí...


El jueves lamentablemente no estuve, aunque me hubiese gustado haber ido a la presentación, con Alex de la Iglesia hablando de zombies, incluyendo una videoconferencia con Robert Kirkman, el creador de los cómics de The Walking Dead. Igualmente, el viernes me quedé con las ganas de asistir al taller de autopromociones, aunque ambos están disponibles en el canal oficial de Youtube del propio Festival

A continuación, paso a comentar un poquito los actos a los que asistí:

Estreno de Once Upon A Time: se deja ver. Sin más. Puede evolucionar hacia una historia estupenda, pero hay ciertos indicios que me hacen pensar que será una nueva Happy Town, y no sé si tendrá la aceptación necesaria para mantenerse en antena, pese a su buen reparto. Sobre el episodio en sí, mezclaba con no demasiado acierto para mi gusto las escenas "actuales" con las del mundo de fantasía, recurso que no sé si seguirán repitiendo, pues aunque en principio tampoco queda mucho por contar del argumento principal, creo que recurrirán a ese mundo de forma similar a los flashbacks de Lost. Creo que la veré... pero cuando ya tenga un futuro más definido, tanto argumentalmente como en la parrilla.

Conferencia "Música y series", acompañada del documental Música en serie: El documental, muy entretenido, aunque eché en falta que tocasen algunos temas. Eso sí, me ganó que terminase con el "Where do we go from here?" del episodio musical de Buffy. La charla posterior... para empezar, le sobraban muchas citas de gente que la mayoría de los presentes probablemente ni conocíamos También se abusó de presentar casi como dogmas opiniones personales, y la mejor parte, la exposición de esas argumentaciones junto con fragmentos de películas (sí, de películas, aunque fuese un festival de series) venía en dosis no especialmente acertadas.  Prueba de todo ello es cómo la sala, en un primer momento llena casi a rebosar, se fue quedando paulatinamente más vacía a medida que pasaban los minutos.

Otro problema fue que para cuando quise salir de esa sala ya fue tarde para meterme a ver el estreno de Imborrable, y a poco que me despisté, se llenó el aforo de la película del canal SyFy Megashark vs. Crocosaurus, proyección que garantizaba unas buenas risas. Quizás debería haber esperado y meterme a la proyección de la animación para adultos (Archer y Robot Chicken), pero las ganas de cenar algo y de no seguir en una cola me pudieron, terminando así la jornada.

Webseries: al principio, me estaba gustando mucho la exposición de un profesional y muy buen conferenciante Juan Pablo Seijo, con un powerpoint que sólo mostraba los datos fundamentales (no como otras conferencias en las que parece que el ponente se limita a leer y añadir un par de frases a lo expuesto en pantalla) a la par que nos mostraba fragmentos de video de algunas de las propuestas mencionadas. El problema surgió cuando nombró Doctor Horrible, comentando que la hizo Joss Weston (WTF! lo mismo mis oídos me fallaron, pero es lo que entendí) al quedarse sin Firefly, cuando en realidad fue fruto de la huelga de guionistas, y ya habían hasta hecho años antes Serenity (la película de Firefly) cuando escribieron la webserie en cuestión. Y una vez pillado con el dato tan garrafalmente en falso, te entra la duda de si el resto de lo que está contando es tan real como lo que sabes que no lo es, algo que me ha pasado a menudo con revistas y periódicos. Que no digo que fuese a propósito, claro que no, pero sí que se estaba apoyando en información equivocada, y a saber hasta qué punto.

Nada más terminar la conferencia, emitieron íntegra la webserie The Confession, con Kiefer Sutherland y John Hurt. Me sorprendió que se proyectase es castellano, pues no sabía que había sido doblada; y afortunadamente, no la emitieron como se publicó originalmente, en fragmentos de 5-6 minutos, sino en un bloque contínuo de unos cuarenta minutos, sin los "Anteriormente" de cada webisodio (una rayada cuando decides ver la webserie del tirón). Me quedo con la misma impresión que la primera vez que la vi: está bien, es solvente, bien desarrollada e interpretada (aunque en momentos especialmente emocionales el doblaje de John Hurt chirría un poco), pero tampoco es una maravilla y termina sabiendo a poco.

El Trono de Hierro: dado que se solapaba con la charla sobre las webseries, ni me molesté en intentar sustituir el visionado de The Confession por los especiales de Juego de Tronos, pero sí que llegué a sentarme brevemente (demasiado para llegar a disfrutarlo realmente) en el Trono que tuvieron expuesto toda la jornada en el vestíbulo de los cines. Y mientras que en la serie parece una cosa oscura e imponente, lo que vi allí, por muy chulo que fuese, era bastante más mundano.




Taller de doblaje: para mí ha sido el plato fuerte del Festival. Cierto que hubiese preferido otras voces a las que personalmente tenga gran apego, pero dejando de lado gustos personales, el buen hacer y el sentido del humor de los actores de doblaje invitados (las voces españolas de los jefes de los tres CSIs, Grissom, Horatio y Mac Taylor) proporcionó muy buenos ratos a la audiencia. Ahora bien, mi opinión es que el acto se quedó corto de duración, y dado que había otro evento programado en la misma sala que impidió alargar la ronda de preguntas y respuestas, nos quedamos con las ganas de saber más de los entresijos y anécdotas de este mundillo.

Alphas: cumple perfectamente con las expectativas. Divertida, de buen ritmo (pese a que el primer episodio dura más de una hora), y con un grupo de personajes bien mezclados. La única pega que le pongo es que da la impresión de que va a tender a convertirse en un procedimental con superpoderes, lo que no es malo de por sí, pero tiene potencial para una trama continua de mucho interés. Anecdotario: salí con otras cuatro personas del público a ser anunciados como los Alphas españoles a petición del presentador del Festival, el también actor Antonio Muñoz de Mesa (al cual conocía de la serie Impares... muy graciosa, por cierto: cuenta en segmentos cortos y ágiles las desastrosas citas de una agencia de contactos que no parece tener mucho criterio a la hora de emparejar). Fue un momento muy gracioso, en el que me gané involuntariamente un aplauso del público, tras el cual seguro que ninguno de los presentes diría que soy tímido.

La pequeña mezquita de la pradera: me sorprendió muy gratamente. Ácida crítica en contra del fanatismo antimusulmán, ya sea desde el primer paleto del pueblo a los medios de comunicación sensacionalistas o no (estupenda la reacción cuando el nuevo imán dice que es de Toronto), envuelta en una capa de humor rápido y satírico. Lo peor no fue cosa de la serie: en la sala tenían el volumen demasiado alto, y como los personajes no paraban de hablar con exclamaciones, hubo momentos en los que casi fue doloroso estar allí.

El Divo: afortunadamente, no pusieron el primer episodio, que es el único que ya había visto antes de apartarla sin ninguna duda de mi lista de series. Y ciertamente, en este cuarto episodio me gustó más que en aquella ocasión, aunque sigo pensando que en este intento de hacer una parodia tipo The Office (la original) a costa de unos personajes casposos (no sólo el propio divo, también ese jefecillo que bien podría haber salido de Torrente) termina pecando de eso, de casposa. Eso sí, excelentes las escenas carcelarias, sobre todo el momento del periódico. Me río sólo de recordar esa frase contundente.

Un idiota de viaje: me fui antes de que terminase... La "serie", más un docu-reality que otra cosa, porque lo que se ve en ella es real, se basa en que los creadores de The Office (nuevamente, la original) mandan a un amigo suyo poco avispado a pasarlo mal en distintos lugares del mundo, engañándole con que va a hacer una serie documental sobre las siete maravillas del mundo moderno. En el episodio proyectado en el Festival viaja a México, donde es testigo de los festejos de Semana Santa, corriendo a apartarse de una celebración de pirotecnia callejera (es irónico cómo le extrañan las costumbres del lugar, señalando que en la Biblia no debe de venir nada sobre fuegos artificiales pero encuentra muy apropiados para esas fechas los huevos de Pascua), o entrenando con luchadores de wrestling. Cuando creía que por fin iba a ir a su objetivo, la pirámide escalonada de Chichen Itza, resulta que me lo montan a caballo con un sombrero demasiado apretado, y decidí que ya había tenido suficiente, terminando así la ajetrada sesión del sábado.

Presentación de la 4ª temporada de El mentalista, con Anthony Blake: no sé si fue por masoquismo o simples ganas de hacer algo en el último día del Festival, pero de los escasos eventos del domingo decidí acercarme a volver a ver a un episodio que ya había visto en casa, y que realmente no me había gustado. Quizás también influyeron las ganas de ver en pantalla grande algo que no fuese un estreno absoluto, es decir, una serie que ya conociese, para comparar la experiencia con el visionado doméstico, puesto que a las demás, salvo a El Divo, había llegado prácticamente virgen. Por otro lado, nunca me ha caído en gracia Anthony Blake, pero tampoco había asistido a un espectáculo de magia en directo, y allá que fui, a hacer la que para mí fue la cola de mayor duración (dado que, nuevamente, había otro evento en la sala, la presentación de la serie Chic-cas, que por lo que parece se alargó más de lo pensado, retrasando el nuestro más de 20 minutos).

Una vez empezó el espectáculo, si bien mejoró mi impresión sobre el mago, y me divertí con el desarrollo y la exposición de sus trucos, no creo haber quedado tan fascinado como la mayor parte de la audiencia, y menos cuando recurrió a hablar de familiares muertos de los asistentes. Y no es que sea un escéptico total en cuanto al más allá o los poderes mentales, pero tampoco un crédulo, y más cuando se trata de trucos propios de cabaret. Sobre el episodio... lo encontré mejor desarrollado a nivel de ritmo de lo que me pareció la primera vez, pero mi impresión sigue siendo prácticamente la misma: ha sido cargarse el final de la tercera y reiniciar lo que hubiese sido un avance de la trama simplemente "porque yo lo valgo".


En resumidas cuentas, el Festival ha sido una experiencia de lo más interesante, aunque haya quedado un poco ensombrecida por detalles como las horribles esperas para entrar a las salas, o la imposibilidad física de asistir no ya a las proyecciones, sino simplemente a la mitad de las conferencias y talleres, bien por ser simultáneas, bien porque al salir de un acto la gente esperando para el siguiente asustaba, aventurando que tenías papeletas de quedarte fuera. Eso sí, detalles alternativos a los propios eventos, como el grupo de azafatas promocionando Pan Am, el cruzarte cada dos por tres con gente con aspecto ligeramente sanguinolento tras el Taller de maquillaje ,o los cócteles gratuitos (Cosmopolitans y Manhattans) ofrecidos por el canal Cosmo, son un valor añadido que hace más favorable mi opinión. Si me viene bien, me gustaría repetir el año que viene; eso sí, espero hacerlo acompañado, que seguro que será aún más divertido (sobre todo durante las colas).

Una anécdota final: cuando salí por última vez del Festival, me encontré con el presentador en la cola del Burger King. Al reconocerme de la presentación de Alphas, en vez de lo que esperaba, que sencillamente me saludase sin moverse del sitio, y a pesar de estar acompañado, se acercó a hablar un momento conmigo sobre la serie. Un gran detalle.